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Cómo reducir los costes sin perjudicar el rendimiento ni la rentabilidad

Reducir los costes y aumentar la rentabilidad son objetivos prioritarios de cualquier organización. Ya sea una empresa, institución educative u organismo gubernamental, la reducción de costes se hace indispensable. No alcanzar esta meta puede significar quedarse en la cuerda floja.

Muchas organizaciones ya han empezado a recortar el gasto en hardware prolongando la vida útil de los sistemas, adaptando el rendimiento a sus necesidades, limitando el número de usuarios de equipos portátiles y eliminando gradualmente los sistemas antiguos menos eficaces. Prueba de ello es la implantación masiva de las tecnologías de consolidación y virtualización. Estas medidas, junto con la adopción de sistemas energéticamente más eficientes, el reciclaje y la reducción de gastos fijos, son soluciones muy eficaces para aumentar la productividad y la rentabilidad de cualquier empresa.

Si bien es cierto que esta estrategia da muy buenos resultados, con frecuencia se pasa por alto la forma más sencilla de reducir los costes.

Cuando una empresa se plantea actualizar o sustituir sus servidores, lo más habitual es que adquiera un producto con buena relación calidad-precio, energéticamente eficiente, de tamaño reducido y con capacidad de ampliación. La empresa se encarga de evaluar detenidamente el producto, negociar el precio y determinar el coste total de compra durante un periodo determinado (es decir, el coste total de propiedad o TCO).

En la decisión intervienen distintos factores como, por ejemplo, la relación entre el rendimiento y el coste de los procesadores, el almacenamiento en relación con las necesidades previstas y la capacidad de memoria necesaria en function del coste y la demanda de recursos. También se tiene en cuenta la capacidad de ampliación y los requisitos de las aplicaciones. En muchos casos, el aumento de precio que conlleva instalar procesadores más caros se tratará de compensar prolongando la vida útil del servidor sin necesidad de realizar actualizaciones. Las soluciones de almacenamiento alternativas son relativamente sencillas de implantar. Por ejemplo, si la demanda aumenta y los recursos resultan insuficientes, se pueden conectar a una red con un coste y un mantenimiento mínimos.

Racionalización de la memoria para reducir los costes

Hay varias formas de reducir el TCO de un servidor o de todo un centro de datos optimizando el uso de la memoria. Uno de los primeros pasos —tal vez el más importante— es calcular el TCO de un servidor nuevo y compararlo con la alternativa de actualizar la memoria. Es importante calcular el rendimiento de la inversión que se obtendría al ampliar la memoria de un servidor ya existente. Por ejemplo, en la mayoría de los casos, actualizar un servidor con un módulo de memoria de 32 GB de Kingston Technology es bastante más barato que comprar un servidor nuevo. Este ahorro supone además una mayor rentabilización del servicio en su conjunto. En un artículo monográfico publicado recientemente, un importante fabricante de hardware afirmó que la memoria influye más en el rendimiento que los procesadores, de lo que se desprende una pregunta obvia: ¿no sería mejor entonces invertir en la memoria?

La decisión de actualizar un servidor sólo es el principio. Con el alto precio que cobran los fabricantes (OEM) por la memoria, muchas organizaciones se plantean dos cuestiones fundamentales: por un lado, cuánta memoria les saldría a cuenta adquirir y, por otro, qué capacidad deben tener esos módulos de memoria.

Las empresas pueden adquirir más cantidad de memoria de alta calidad a Kingston Technology a un precio inferior al que establecen los fabricantes, lo que significa mayor escalabilidad para los servidores y mayor espacio para las ampliaciones.

De este modo, es menos probable que haya que interrumpir la actividad de los servidores para actualizarlos en el futuro.

En lo que respecta a los centros de datos virtualizados, se pueden añadir más máquinas virtuales a cada servidor físico, lo que aumenta la eficacia y reduce el coste total de propiedad de los sistemas. Otra ventaja es que se modera el consumo general de energía del centro de datos, lo que contribuye a respetar el medio ambiente.

La segunda cuestión se refiere a la capacidad real de cada uno de los módulos utilizados. En el pasado, el requisito de la capacidad de memoria normalmente se satisfacía añadiendo módulos de menor capacidad, ya que su precio era mucho más asequible. Sin embargo, hoy en día se considera que esta forma de proceder aumenta el TCO del servidor y que es sinónimo de una mala planificación. Para lograr una mayor capacidad total de memoria en el servidor, habría que sustituir los módulos ya existentes, lo que aumentaría notablemente los costes y generaría más residuos. Otro factor que se debe tener en cuenta es la energía que consumen los módulos de memoria de menor capacidad. En pruebas recientes realizadas por Kingston Technology se ha observado que los módulos de 4 GB son mucho más eficientes energéticamente que los de 2 GB. Teniendo en cuenta la gran cantidad de servidores que alberga un centro de datos y que todos tienen las ranuras de memoria ocupadas, este ahorro energético compensa con creces el coste de los módulos de mayor capacidad y supone un mayor ahorro de energía durante un periodo de tiempo concreto.

Ha llegado el momento de cambiar de estrategia: cuando compre memoria para su centro de datos, calcule lo que se ahorrará en el futuro, no sólo a corto plazo.


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